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Threads (VHS Cover)

La bomba que no cayó

Reflexiones sobre el temor

Escrito por quinqui el 12/09/2015 23:17 hrs. Modificado el 12/09/2015 23:20 hrs.
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Etiquetas: Reflexiones
Los seres humanos siempre estamos a la búsqueda de una razón que explique nuestra existencia, o de lo contrario, una que nos permita simplemente seguir viviendo. Esta última supongo que es a la que con mayor frecuencia nos acercamos. Y tiene que ver con la necesidad imperiosa de “sobrevivir”.

Pero resulta que en nuestro mundo actual, sobrevivir no es tan difícil como en la era de las cavernas. Ya no tenemos que salir a recolectar alimentos ni a cazar animales. Mucho menos sufrimos de depredadores que nos acechen. Nuestra realidad actual es el resultado de la industrialización, de la automatización, de la desaparición de las necesidades vitales de supervivencia. Por eso, no me es de extrañar que, en vista de esta especie de paraíso en que vivimos, nuestra mente o animal, busque con desesperación una razón por la cual sentirse amenazado, para poder justificar la existencia o el mero hecho de respirar.

Y amenazas han habido. Fueran reales, fueran creadas, fueran simples alarmas.

La amenaza que forjó mis días de infancia fue el inminente ataque nuclear a la población civil. Corrían los años ochenta, y aquello era tema recurrente, de noticias, películas, canciones, cómics, etc. No es que mi alejado país Chile estuviese armado nuclearmente, al menos no que yo supiera, pero daba lo mismo: el gigante norteamericano dominaba el mundo (bueno, lo sigue haciendo), y si él se sentía amenazado, nada ni nadie podría detenerlo de “apretar el botón”. Todos vivíamos con el alma en un hilo pensando que un día cualquiera, mirando el cielo, veríamos el misil acercarse a nuestra ciudad, para luego desatar la hecatombe y la subsiguiente miseria y horror de sobrevivir en un mundo inhabitable, donde la radiación desbarata la vida y uno camina mientras se va cayendo a pedazos. Para ejemplificar esto, películas hay por montón.

Ahora bien, a lo que nos lleva este tipo de ambiente es a crear personas temerosas, que tienen a la incertidumbre como única certeza, pues no pueden asegurar que el futuro existirá, al menos no de la forma en que han vivido hasta el presente. Y esa sensación cuesta sacársela de encima. Yo misma me di cuenta en algún momento de mi infancia, al verme a mí misma y decir “siento que lo que vivo es temporal, que se viene un cambio aunque no sepa lo que es”. Y no es que en mi casa fuera a haber algún cambio. Hoy entiendo que aquella inseguridad provenía del aire, del mundo en el que vivíamos en esa época. Algunos mencionarán el golpe de estado y dictadura en que vivimos los chilenos esa década, pero no sé si dar fe de que ello fuera causa de mi incertidumbre: pues en mi casa, jamás sentí esa represión, mis padres eran ajenos ya a posturas políticas por esa época, por lo que la situación del país no era tema en mi casa. Pero sí veía películas y escuchaba música, y fuera extranjera o nacional, siempre había lugar común para el miedo al terror nuclear.

Pero los años pasaron, y la bomba, no cayó.

Y la única certeza se desbarató.

Pero ello no fue para relajarse, quien vive con temor, no lo pierde de la noche a la mañana. Porque como dije al inicio de esta reflexión, el ser humano siempre busca la forma de estar alerta, asustado, presto para “sobrevivir”. Ya que no hubo terror humano que nos desbandara, hubimos de buscar uno ajeno a nuestro control: el fin del mundo. Primero con el fin de milenio, y luego con el 2012. Pero la tierra tampoco se destruyó.

Y seguimos vivos, y no ha habido catástrofes a nivel mundial, el sol sigue en su sitio, y la tierra sigue trasladándose alrededor de él. Y de hecho, aun si ocurriera un cataclismo global, ¿cuál sería nuestro rol en ello, salvo el de simples hormigas siendo pisoteadas como nada?

Con los años de espanto y vivir pensando que debía prepararme para una posible vida post-apocalíptica, llego a una edad en que todos esos temores dan lo mismo. Si he de morir, pues de todas formas me tocará, sea hoy o mañana, como sea está fuera de mi control. Y creo que en esta última frase es en donde el temeroso encuentra la anhelada paz: si no puedo hacer nada, ¿para qué preocuparme? mejor vivo el presente, lo aprovecho y llegado el momento de sufrir, pues nada, a sufrirlo e intentar sobrevivir, como siempre.


Crédito Foto: Carátula VHS de película "Threads"
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