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Epic (Movie Poster)

En la malva rosa...

Soñar es de niños, ¿cómo recobrar la inocencia?

Escrito por quinqui el 15/01/2016 01:48 hrs. Modificado el 15/01/2016 01:50 hrs.
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Etiquetas: Recuerdos
Cuando era niña, solía jugar mucho en el patio de mi casa. Mi madre había creado un jardín de arbustos, flores y árboles fresco y acogedor. Era especialmente agradable en verano, cuando nos podíamos tender de panza al suelo sobre el pasto o las piedras del camino que iban desde el portón de calle hasta la puerta de la casa.

Había un lugar en específico que era mi favorito: se trataba del arbusto de malva rosa que colindaba con el camino antes descrito, y que acompañaba por el costado la entrada a la casa.

Durante las tardes de verano, solía recostarme junto a él, boca abajo, de modo de quedar mirando a la misma altura los intrincados recovecos del arbusto.

Pero no eran recovecos oscuros y siniestros: para nada. Se trataba de cámaras espaciosas y bien aireadas, formadas a partir de las plataformas que eran las hojas aplanadas y anchas de la malva rosa, que iluminadas por el sol hacían de ellas un lugar paradisíaco. No fueron pocas las veces en que deseé con toda mi alma poder encogerme de tamaño hasta tal que pudiera ingresar en dicho mundo, el de las construcciones arbóreas de la malva rosa. En ensueños me veía recorriendo las salas de color verde, iluminadas por aquella incandecencia dorada del sol veraniego, cambiando de un nivel a otro, sintiendo la brisa fresca que se colaba por entre las ramitas y las hojas-pisos...

De esas ensoñaciones han pasado más de treinta años, pero al ver nuevamente por entre el follaje de mis actuales arbustos de malva rosa, vienen a mí como chispazos aquellas dulces y agradables sensaciones de infancia, sin el deseo de encogerme, claro, pero sí con la nostalgia propia del adulto que recuerda su pasado.

Es por este tan preciado recuerdo, que mi emoción fue tan grande cuando vi aquella película de animación digital que fuera estrenada hace varios años ya, pero que yo viniera a ver recién hace un par: originalmente titulada “Epic”, que en Chile fue (para variar) estúpidamente llamada “El Reino Secreto”, trata precisamente sobre una chica del mundo “real” que se “encoge” para vivir y conocer el mundo “miniatura” en el que viven los guardianes del bosque.

En verdad, tanto la historia, los personajes como el concepto en general, son archi repetidos, pero tiene detallitos que la dejan a una contenta: por ejemplo, el hecho físico de que los protagonistas de la historia se manejan con otras medidas, por ejemplo, que no se rompan los huesos al caer de una altura por mucho superior a la propia, por el hecho de ser más livianos, etc. Pero fuera de todo detalle, la verdad es que soy demasiado visual para mis cosas, y el gancho estético y la simple y llana idea de recorrer aquellos espacios vedados para nosotros los gigantes, me bastó para amar esta película.

No pretendo, por ello, hacer una crítica del film. Mi único propósito con este registro es denotar lo importante que siguen siendo los sueños y deseos infantiles en los adultos. Cierto es que la ilusión de que aquellos sueños se vuelvan realidad se ha extinguido en un 99%, cierto es también que ese pequeño 1% nos permite seguir viviendo, seguir respirando, seguir soportando este mundo, en el que nos sentimos agobiados por la realidad, por la crueldad del ser humano, por el sobrepeso de las cuentas y las deudas; porque aquel ínfimo porcentaje resguarda aquello que ojalá nunca deberemos perder: la magia, la fe, el misterio y lo desconocido. Porque bien es sabido que mientras menos sabemos, más felices somos. ¡Bendito el ignorante! ¡Cómo recobrar la inocencia y volver a sorprendernos con los pequeños detalles de que se hace la vida? Me gustaría saber si existe ya la respuesta para eso en la vasta biblioteca virtual que es internet… Porque como muchos coetáneos míos, ya no nos sorprendemos con nada, con lo cual la vida se vuelve en extremo aburrida. Lamentablemente no soy de aquellas personas que busquen vivir aventuras, no me interesa probar nuevos platos de comida ni viajar a lugares exóticos para sentir esas emociones. Sigo creyendo que la fantasía puede nacer de nuestras propias cabezas, y que dentro de ellas podemos vivir con seguridad todas las aventuras que queramos. (De ahí que cuando surgió la idea de la realidad virtual, hace décadas ya, me sintiera tan cómoda.)

Ojalá me reencuentre con mi 1%, y logre volver a sentirme inspirada, y pueda vibrar y “divertirme” como solía hacerlo cuando joven, haciendo cosas tan cotidianas como dibujar o simplemente soñar...

PD: Aquí va el trailer de la peli "Epic", para quienes no recuerden cuál es o para quienes se animen a verla por primera vez ;)

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